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Me he metido en la cama a hurtadillas después de comer. La cama donde compartimos sueños y sudor. Tapado con la colcha que huele a ti. Aunque ha sido poco tiempo se ha disparado en mi memoria una lista de recuerdos, de inolvidables noches, de interminables abrazos, de aquellos hijos que no tuvimos. He comprobado que sola te debes sentir en una cama tan grande. Yo en cambio, vivo en un sofá hace ya meses que me arrulla cada noche y me dice bajito que tenga paciencia que ese no es mi sitio y que si hubo, habrá... Observo también ese armario ropero de tres cuerpos donde se abrazaban mis camisas con las tuyas, ese armario de tres metros con el que tanta lata te di, ya no guarda nada mio. Ahora ocupo el de la entrada(después de la reforma me cedió ese armario) lo agradecí mucho aunque no se lo dijera. Fue para mi un gesto reconciliador que como un perfecto gilipollas no supe entender porque últimamente solo entro en razón cuando mis pies rozan el precipicio... como ahora. También puestos a exprimir los recuerdos tengo uno del pasado reciente, los últimos abrazos que te di. Y ahora me retuerzo en el lodo blasfemando, sacando la mierda de la fosa aséptica y tirandotela a la cara convirtiéndome en lo que no soy. Es cierto que no me quiero ir, también es cierto que me envalentono ahora que me veo perdido, solo, sin ti. Deja de retorcerme el alma con A. no nos separes, me cuesta mucho vivir sin ti, pero no soporto vivir sin el. Nunca debido al sistema jurídico, podrá una madre “normal” experimentar la separación de un hijo. Es una pequeña muerte, es saber que esta y no puedes estar con el, es algo tortuoso. Si lograra la verdadera absolución, si el perdón no fuera acompañado de rencor, si las oportunidades no tuvieran condiciones... y sobre todo si sacara de mi ese empeño que pongo en fastidiar los buenos momentos. Si asi fuera seguramente no esta escribiendo esto...
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